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Uno de los elementos de mayor importancia para la elaboración de un tatuaje son las agujas, pues de ellas depende considerablemente el resultado de la obra y el cuidado de la piel.
S in lugar a dudas, cada uno de los instrumentos que integran el equipo de un tatuador son de gran importancia, no obstante las agujas son un elemento fundamental, ya que de éstas depende facilitarle al artista aplicar las líneas, el color, las sombras y los detalles a su obra, además, si son de calidad y se emplean correctamente, evitan lastimar más de lo necesario la piel. Las agujas profesionales para tatuar generalmente son sólidas, rígidas y están hechas en acero inoxidable y debido a su firmeza y perfilado, ayudan a transferir de manera más uniforme el pigmento dentro de la piel. Generalmente las agujas van soldadas en una barra, la cual a su vez es sostenida por un tubo que hace el soporte entre el tatuador y la máquina. Al igual que en el caso de la pintura, estos pinceles de la piel se comercializan en diferentes grosores y largos. Muchos creen que las agujas finas se emplean únicamente para realizar las líneas, mientras las gruesas están destinadas para sombrear y rellenar, pero la realidad es que el espesor y el largo de las agujas que se deben emplear dependerán del tipo de imagen que se pretenda realizar y del estilo propio de cada artista. Por otra parte, los profesionales coinciden en señalar sobre el tema de las agujas que además de la calidad, es un punto fundamental el cómo se sueldan, pues normalmente las que se emplean para hacer líneas se colocan agrupadas en una barra redonda, haciendo combinaciones de una, tres, cuatro, cinco y siete agujas; mientras las de sombra se ponen en una barra plana o redonda, completamente alineadas (como un peine) y se hacen en grupos de cuatro, siete, nueve y once. Aunque obviamente en ambos casos el número puede modificarse, pero estos son los más comunes. Otra variante al soldarlas es la presión con las que son sujetadas a la barra, pues en el caso de las que se usan para línea están más oprimidas que las de sombra.
PROTEGIENDO EL FILO
Aun cuando las diferentes agujas para tatuar lucen muy finas y frágiles, todas ellas tienen una punta filosa que ayuda a que la penetración del pigmento sea más rápida y eficaz, por ello deben cuidarse apropiadamente las puntas para que durante su manejo no pierdan el filo. Las causas más comunes de mal manejo son: - Al soldarlas, pues hay quienes las apoyan con fuerza o golpetean al momento de agruparlas, alterando de esta forma su punta y filo natural. - Al tatuar, si la aguja choca frecuentemente con las paredes de los depósitos de tinta el roce continúo le resta proporción. La fricción constante con la piel también las altera, por ello se recomienda cambiarlas luego de seis horas de trabajo continúo.
HIGIENE Y ESTERILIZACIÓN
Las agujas para tatuar se venden generalmente en paquetes por cientos o millares y los profesionales de la tinta tienen que soldarlas en principio a las barras para posteriormente esterilizarlas. Así que como cliente deben mostrarte las agujas una vez adheridas a la barra, empaquetadas y esterilizadas. De preferencia, elige establecimientos donde empleen autoclave, ya que es el aparato más seguro para esterilizar. Las agujas pueden ser vehículo de un sinfín enfermedades, incluyendo el sida y la hepatitis, por lo cual sólo deben emplearse una vez. De ser posible, solicítale al tatuador que destruya las agujas en tu presencia y las coloque en un recipiente rígido para materiales punzo-cortantes. Este tipo de materiales debe almacenarse en un lugar seguro y fuera del alcance de personal ajeno al establecimiento, ello para evitar posibles accidentes.
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